Fortificado — Madeira
Vino portugués fortificado hecho casi indestructible mediante un calentamiento y una oxidación deliberados. Abarca desde el Sercial muy seco hasta el Malmsey ricamente dulce, con una acidez vibrante y una longevidad notable.
Sobre el Madeira
El Madeira es la gran paradoja del mundo del vino: un vino que mejora con el maltrato. El estilo nació por accidente: en el siglo XVIII, las barricas embarcadas como lastre a través de los trópicos regresaban transformadas por el calor y el oxígeno, y los productores se propusieron recrear esas condiciones de forma deliberada. Hoy el vino se calienta o bien rápidamente en depósitos calentados (estufagem, para los estilos corrientes) o lentamente durante años en desvanes achicharrados por el sol (canteiro, para los mejores), y luego envejece de forma oxidativa en barrica. El proceso que estropearía casi cualquier otro vino le da al Madeira su sello: una acidez penetrante, sabores de caramelo ahumado y frutos secos tostados, y una longevidad casi ilimitada. El dulzor lo determina el momento en que el encabezado detiene la fermentación, tradicionalmente asociado a cuatro uvas nobles —Sercial (la más seca), Verdelho, Bual y Malmsey (Malvasía, la más dulce)—, mientras que los vinos corrientes se apoyan en la Tinta Negra. En clave editorial, el Madeira ocupa un nicho singular: un vino generoso apreciado tanto por su interés histórico y de guarda como para la mesa, y uno de los muy pocos vinos que realmente aguanta una botella abierta durante semanas.
Proceso de elaboración
Productores principales
- Blandy's
- Henriques & Henriques
- Barbeito
- D'Oliveiras
Notas editoriales
Una vez abierto, el Madeira se conserva durante semanas o meses — su elaboración oxidativa lo hace casi impermeable al aire. Sirva los estilos más secos ligeramente frescos como aperitivo y los más dulces a temperatura ambiente fresca después de la cena.